El Hatha Yoga trabaja la armonización de las energías más sutiles a través de un conjunto de técnicas, entre las que las posturas (āsana) ocupan un lugar fundamental. Estas técnicas buscan desbloquear la energía (prāṇa) y favorecer su ascenso por la corriente energética central (suṣumṇā), que recorre el cuerpo desde la base de la columna vertebral hasta la coronilla y atraviesa los siete centros energéticos o chakras.
Según la tradición yóguica, en el cuerpo humano existen 72.000 corrientes energéticas que se articulan en torno a tres principales: la corriente central que acabamos de mencionar y otras dos situadas a cada lado, llamadas iḍā —a la izquierda— y piṅgalā —a la derecha—.
Las técnicas de respiración (prāṇāyāma), los sellos (mudrā) y los cierres energéticos (bandha) contribuyen a purificar estas corrientes y a despertar la fuerza vital que permanece latente en la base de la columna, para que pueda ascender y unirse con la conciencia.
En la actualidad, muchos practicantes se centran principalmente en las posturas, que por sí solas ya constituyen un trabajo muy completo en el plano físico y energético, con efectos que van mucho más allá de lo que puede apreciarse a simple vista. Cuando la práctica está bien arraigada en la respiración y mantiene un equilibrio físico y energético, abre de forma natural el camino hacia una práctica más completa y acompaña al practicante en dirección al Raja Yoga.
«haṭhasya prathamaṃ gatvā rājayogam nigacchati» «El Hatha Yoga es el primer paso; a través de él se llega al Raja Yoga». (Haṭhayogapradīpikā 1.4)Estos dos caminos del yoga son, en realidad, uno solo.